Forrest sí sabe lo que quiere!

Tan lejos de aquellos choques coperos…

Por MARBLE ARCH


El festejo desaforado de Viruta Vera, sin respeto alguno de su reciente paso por el club. La definición exquisita de la Gata para empardar de penal con la frialdad propia de los distintos. Los silbidos de los miles de paladares negros en el final del encuentro a la producción del local, característica de un equipo de Pellegrino. El puñetazo de Milito al techo del banco tras el gol rojo, devenido de un taco de la Gata no interpretado por Damonte, aunque luego de la pérdida hubo un mal movimiento de la zaga al buscar al hombre que venía de frente, desguarneciendo el flanco derecho, por donde entró solito Vera para doblegar la mala salida de Navarro. Son las principales sensaciones que quedaron en el tintero.

Antes, durante y después, un match diputado con intensidad física pero contadísimas ideas, las ausentes en el bagaje de dos equipos cuyas posiciones de mitad de tabla marcan con exactitud dónde están parados. A una galaxia de esos años dorados de Copa Libertadores, a años luz incluso de la época dorada de Bochini, Marangoni, Trossero, Sabella, Trobbiani y Ponce.

El Pincha jugó casi sin arco rival, con Mendoza –se iría mal expulsado- absorbido por la marca y Cerutti preso de sus desbordes improductivos; ambos fueron poco asistidos, pues la Gata no halló el volumen necesario de acompañamiento en Barbona, y el atildado Gil Romero se hallaba en otra sintonía respecto de Damonte, quien volvió a disfrazarse de autito chocador para poner en riesgo su integridad física y la de sus adversarios. Abajo, al margen de volver a caminar por la cuerda floja en ese intento de partir desde Navarro con pelota al pie, mucho mejor Domínguez que Desábato, el nivel habitual de Jara, y la garra uruguaya de Palito Pereyra para jugarse la vida en cada cruce.

Uno a cero abajo, el cambio del petiso Acosta por Israel se caía de maduro, y en un breve lapso Estudiantes adquirió ráfagas de verticalidad que no había tenido en toda la noche, pues dejó de lateralizar tanto, sin que el ex Boca llegara a brillar. Y en uno de sus avances, tras perfecta pared entre Pereyra y Barbona por la banda izquierda, el centro del oriental encuentra en su camino la mano extendida del defensor diablo para que el árbitro interprete la pena máxima.

La roja a Mendoza desnudó las limitaciones del dueño de casa para aprovechar su superioridad numérica. Y el León terminó aferrándose al punto, pensando seguramente en su conveniencia de cara a dos paradas seguidas de local, la segunda para el Derby ciudadano.

Cuesta calificar la performance albirroja. O acaso admitir que todo nos cuesta tanto. Como si hablando desde la lógica adivinásemos alegrías a cuentagotas en el futuro inminente. La mística, el amor por los colores y las cuestiones metafísicas tal vez imperen de a ratos. Ganan partidos, no campeonatos.

Salutti

Puntajes
Navarro: 4
Jara: 5
Desábato: 4
Domínguez: 6
Pereyra: 6
Damonte: 3
Gil Romero: 6
Barbona: 5
Mendoza: 3
Cerutti: 5
La Gata: 6


Acosta: 5
Lucas Rodríguez: 4

“En Estados Unidos me reencontré conmigo mismo”



La Gata habló de su momento futbolístico, sus deseos de ser entrenador y recordó anécdotas con la Brujita Verón y Sabella 

Gastón Fernández es el jugador del momento en Estudiantes. Fue el único refuerzo del semestre y luego de un año y medio en la Major League Soccer se puso por tercera vez la camiseta roja y blanca. En su momento algunos hinchas dudaban de su verdadero nivel y lo miraban de reojo. El domingo a las 22.40, cuando dejó la cancha con 2-1 sobre River, se llevó una ovación genuina que terminó de consagrarlo como uno de los verdaderos ídolos contemporáneos.

En el Country son las 13 horas. La práctica terminó hace más de una hora. En la concentración los jugadores disfrutan de un asado. Eso demora la salida de la Gata, que llega algo retrasado al encuentro. Saluda, se disculpa y se acomoda en una de las sillas de la sala de conferencia para hablar, distendido, sobre su pasado, presente y futuro en Estudiantes.

-¿Qué balance hacés de tus primeras semanas en Estudiantes?

-Las tres semanas que llevo la verdad fueron muy movidas. Tuve un cambio de entrenamiento a lo que venía haciendo en Estados Unidos. Acá es mucho más largo e intenso. No quiere decir que allá no se entrene fuerte, pero es más distendido. 

-¿Cómo es un entrenamiento allá?

- Llegábamos a las 9 de la mañana, porque por contrato tenés que estar una hora antes en el vestuario. Entrenábamos a las 10, a las 11 ya estaba en el vestuario y al mediodía en mi casa. La práctica era mucho trabajo táctico y fútbol reducido. La intensidad de la liga te da la posibilidad de entrenar de esa manera. Creo que por cómo se juega en Argentina no se podría entrenar así. Son diferentes culturas y fútbol.

-¿Te aburrías en la MLS?

-No, no me aburría, pero en algún momento sentí que estaba acostumbrado que mi carrera sea, entre comillas, exitosa, jugando en instituciones que peleaban torneos. De repente me di cuenta que allá estaba perdiendo esa sensación. Por eso, cuando tuve la posibilidad de retornar a Estudiantes, no lo dudé un segundo. 

-Imagino que esa sensación te hizo estar mucho más en contacto con el fútbol argentino...

-Sí. Eramos cuatro los argentinos allá: Valeri, Paparatto Urruti y yo. El último tiempo se sumó Lucas Melano. Todo el tiempo hablando de acá y esperando a que llegase el fin de semana. Era muy contradictorio, porque cuando nos fuimos renegamos de un montón de situaciones, como el ambiente y las presiones. Pero allá lo extrañás. Nuestro fútbol tiene cosas que difícilmente se puedan encontrar en otro país.

-En su momento necesitabas irte y da la sensación que el año y medio te hizo bien: se fue un jugador y volvió otro.

-No sé si fue un jugador y volvió otro. Lo que sí puedo decir es que 2013 fue un año muy malo, traumático. La suspensión me hizo mal y esos seis meses que estuve parado hicieron dudar a muchos sobre mi verdadero nivel. En ese momento, cuando expliqué por qué me quería ir, dejé en claro que era para no hacerle un mal a Estudiantes. Algunos hinchas me entendieron y otros no. Sin lugar a dudas que un año y medio afuera me ayudó un montón porque me puso en carrera, recuperé ritmo y jugué muchísimo: 53 partidos. Pude jugar más, pero tuve un entrenador muy particular. En Estados Unidos me reencontré conmigo mismo y lo tomé como algo positivo.

-¿Sos un jugador que necesita estar bien desde lo anímico para rendir?

-Sí, sobre todo porque me gusta convivir con gente que tenga valores parecidos a los míos. Me pone muy mal la injusticia y que no haya ayuda para el futbolista. He tenido técnicos que me han dicho una cosa y con el correr de los días hicieron otra. Si vos estás en un mal nivel y lo aceptás, la mejor manera para recuperarlo es con participación, no pidiendo ser titular, pero sí jugando, 10, 15, 25 minutos o un tiempo. Cuando sea entrenador lo voy a tener muy en cuenta. Si considero a un jugador importante lo voy a ayudar.

-¿Vas a ser técnico?

-Sí. Me gusta y a medida que pasan los años me imagino en ese rol. Cada vez le veo cosas más lindas. Pero falta, tranquilo...

-Cuando hablabas de la relación técnico jugador se viene la imagen de Sabella, que te recuperó de un mal momento...

-La historia de que Sabella me mandó a jugar a Reserva está mal contada. No fue él sino yo quien lo pidió. Y te explico: me había mandado una cagada en una práctica y Alejandro (Sabella) defendió sus valores y me sacó de la lista de concentrados. Cuando me enteré que no iba ni siquiera al banco pedí jugar en Reserva para empezar a remediar el quilombo que me había mandado. Fue una buena medida para demostrarle que me interesaba jugar en Primera y no me daba lo mismo. En ese partido, contra Boca, jugué bastante bien y hasta hice un gol. A los 15 días volví a jugar y ahí empezó mi levantada.

-Te iniciaste en River, jugaste en Racing, saliste campeón en San Lorenzo... ¿Por qué tu lugar en el mundo es Estudiantes?

-Debuté a los 19 y hasta los 25 que llegué a Estudiantes me pasó de todo. Nunca me definí en ningún club. En River no había lugar y me prestaron a Racing. Me fue bien y volví. Tuve una buena etapa pero una lesión en un tobillo me hizo perder lugar. Para colmo ocurrió el episodio Tuzzio Ameli y varios jugadores nos fuimos, en mi caso a México. Volví porque Passarella no me quería. Salí campeón en San Lorenzo. Y me volví a ir a México, hasta que caí a Estudiantes y acá estoy. 

“Sabella me dio el libro de la historia de Estudiantes y empecé a darle valor a un montón de cosas que pasaban acá sin darme cuenta”

-¿Qué te sedujo? 

 -El Club. Pero los primeros meses me costaron muchísimo. Me quise ir en diciembre con una oferta concreta de Vélez. Pero nunca me gustó dejar un lugar con la sensación de no haber dado todo. Me la jugué para revertir ese momento. Para colmo Sebastián (Verón), que me había hablado para venir, al tiempo se distanció de mí y no sabía cómo tomarlo. Me volvió loco esa situación. Pero me salió bien y con el tiempo lo entendí. También fue clave Alejandro (Sabella). El me dio el libro de la historia de Estudiantes y empecé a darle valor a un montón de cosas que pasaban acá adentro sin darme cuenta. Ganamos la Copa Libertadores y, más allá que no fue el logro solamente, como futbolista viví lo máximo. A medida que fue pasando el tiempo fui haciendo amistades, adentro y afuera. Cuando volví en el 2010 sabía que este era el lugar donde más cómodo me había sentido. No en vano fue el club en donde más jugué.

-Después de ganar la Copa Libertadores tuviste que volver a Tigres de México. ¿Fue de lo que más te arrepentís en el fútbol?

-En el momento que me tocó volver no estaba arrepentido, porque tenía un desafío de jugar en ese país y no me di cuenta de lo que me estaba perdiendo. Pero cuando vi la final entre Estudiantes y Barcelona me quise morir. No pude ser parte de ese gran equipo que puso de rodillas al mejor equipo de la historia. Pasó y lo tengo que mirar de la manera que fue. No me puedo arrepentir de las cosas.

-Recién hablaste de Verón y tus idas y vueltas. ¿Cómo es ahora tu relación teniendo en cuenta que es el presidente?

-Muy buena. Nunca cambió mi relación con él. Me ayudó mucho adentro del club. Fue una de las personas que, me guste o no cómo, me hizo dar cuenta del momento. Y estoy agradecido. A finales de 2012 estaba sin contrato y él como manager confió en mí: me hizo un contrato por cuatro años. Ahora como presidente confió en mí y me trajo. Esas cosas valen, tienen mucho valor. Por eso no necesitamos salir a comer todas las noches para sentirnos amigos.

-Tiempo atrás estaban Braña, Verón, Andújar, Calderón... Hoy sos referente junto a Desábato. ¿Cómo lo llevás?

-No cambia en nada para mí. Trato que mis acciones sean naturales y no necesito forzar mi forma de ser. Lo que pasa es que ahora tengo casi 32 años y si digo que paso a buscar a Tití Rodríguez todas las mañana parece como que todo se agiganta. Cuando tenía 25 años también pasaba a buscar a algún compañero que vivía cerca de casa. Dentro del fútbol es complicado mantener un equilibrio, pero siempre trato de ser transparente y con los valores que tuve toda mi vida. El título referente no me cambia, aunque sí asumo y me hago cargo de que soy uno de los jugadores más experimentados del plantel. No le esquivo a eso.

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FELIZ DÍA

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