ESTUDIANTISMO - MANGANISMO - ZUBELDISMO - BILARDISMO - SABELLISMO

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El Pincha mostró su mejor Pergamino

ESTUDIANTES 3
DOUGLAS HAIG 1

por Marble Arch

La diferencia de categoría resultó evidente. Allí radicó la clave del cómodo triunfo pincharrata sobre Douglas Haig, un adversario de aceptable pie, pero físicamente livianito e ingenuo para la marca.

Por eso, el 3 a 1 fue pijotero, porque era sorpresa aquel empate de cabeza a los 28’ en función de las reiteradas chances desperdiciadas por el León, y el “Gori” Silva pasó pocos sobresaltos al margen de un bombazo en el travesaño y dos entradas exigidas que ganó de abajo. 

Enfrente, con un abrumador porcentaje de tenencia a su favor (68 a 32%), Estudiantes toqueteó bastante gracias al incesante despliegue de Román Martínez, a quien se observó estilizado y predispuesto en el aspecto atlético. El ex Tigre, apoyado en el tesón de Gil Romero, en algunas cositas de Joaquín Correa, en el pivoteo de Carrillo y en el pistoneo de Aguirregaray y Auzqui por las bandas, manejó los hilos del equipo.

Con fundamental protagonismo del citado Auzqui, partícipe de los tres goles: en el primero, resuelve bien rodeado de rivales al borde del área grande y se la cede a Carrillo, que utiliza el puntín como recurso para abrir el marcador; en el 2-1, madruga al defensor en el primer poste y peina un corner al segundo, dejando a Román Martínez debajo del arco para empujarla; y en el tercero va al vacío a buscar la cesión de Correa y a toda carrera mete un taco hacia atrás para el mismo tucumano, quien de frente la acomoda de zurda. Partidazo de Carlitos, otro muy mejorado respecto al torneo pasado.

Abajo, la zaga conformada por Jara, el Chavo, Schunke y Silva se encargó de cerrar todos los caminos, con llamativo timming para el anticipo por parte de Leo, robando muchas pelotas por “leer” la jugada. A Jonathan se lo observó contenido, sin tanto desenfreno por ir a lo loco.  
El León, con los ingresos de Carrasco y Palote, siguió buscando el arco pergaminero. Hubo dos o tres ocasiones netas para aumentar la diferencia. Y el balance dejó un saldo positivo en la apertura oficial del segundo semestre, alegrando a la numerosa parcialidad albirroja aposentada en la cabecera visitante del estadio de Banfield.

Así, con Prediger, Graciani y Vera como refuerzos de jerarquía, ELP arrancó para ilusionar. Y si el contrario no daba la talla, su producción lo subrayó.
Salutti
P u n t a j e s

Silva: 6
Jara: 7
Desábato: 6
Schunke: 6
Jonathan Silva: 6
Aguirregaray: 5
Gil Romero: 6
Román Martínez: 8
Correa: 6
Carrillo: 6
Auzqui: 8
Carrasco: 6

Murió de pie y el pueblo lo agradece



por Marble Arch

#LaBatallaFinal Capítulo VII

Se escuchan bombas de estruendo y bocinas en La Plata. En Formosa, en Neuquén. No. No es la comunidad extranjera con antepasados en Berlín expresando su alegría por la victoria de Alemania, heroína de una batalla tremenda entre los dos combinados más poderosos de cuantos pisaron la tierra garota.

Uno de los pocos errores de la zaga nacional, en plena prórroga y cuando ya los reflejos languidecían, les permitió abrazar la gloria, luego de un partido que dominaron claramente en la media hora inicial, a tajadas en el complemento, y con mayor resto físico en los 30 de alargue.

Sin embargo, fue Argentina la dueña de las chances fundamentales en el global: una ancha de Higuaín, otra del Pipa en mano a mano al no aprovechar un regalito del fondo rival, el tanto anulado por offside, esa zurdazo rasante de Messi apenas ancho, y aquella franca de Palacio tirándola desviada por encima del arquero.

Lavezzi, el mejor en los 45’ de base, se quedó en el banco en el entretiempo, seguramente acusando alguna dolencia. Y si bien Agüero entró bien para aguantarla de espaldas al arco, no tuvo socio en un Messi altamente ausente, al que no debemos discutir como crack, por favor, ni tampoco volver a comparar con Diego Maradona.

Sabella leyó en el descanso que Schweinsteiger manejaba los hilos, y trató en adelante que el fútbol no pasara por sus pies. Así, la tenencia del adversario no fue tan limpia como en el arranque, lateralizaron demasiado, y sus opciones fueron contadas a partir de la movilidad de Özil, mientras la escuadra albiceleste daba la sensación de esperar agazapada para apretar el gatillo en una contra letal.

De igual modo encararon la media hora decisiva, y en una acción que pudo torcer el curso de la historia, el golero teutón golpea a Higuaín al borde del área grande, en grosero penal no sancionado, reavivando en el imaginario colectivo el fantasma del mexicano Codesal.

Hasta que la contra fulminante llegó de enfrente, tras un centro sobre la banda izquierda servido a plena carrera, para que Mario Götze la bajara de pecho entre Demichelis y Garay, cruzándola de aire al poste alejado de un Romero sorprendido. Significó un uppercut al mentón del equipo, casi un “gol de oro” al percibir en ese instante una realidad avasalladora, acuciante por falta de tiempo, por ausencia de reservas y por el peso específico de las circunstancias. Anímicamente lo demolió.

Por eso los germanos celebraron antes en un típico encuentro de aristas durísimas, donde triunfaba quien castigaba primero. Donde el planteo de Sabella fue correcto, quizás con cierta demora en el ingreso de Gago por un Enzo Pérez agotado de recorrer el crucigrama táctico. 

De hecho, pese al esfuerzo se perdieron infinidad de rebotes y segundas pelotas por cansancio. El combate frente a Holanda martilló el doble al medir a un oponente que humillaba a Brasil sin gastar energías, y contó aparte con un handicap determinante en esas 24 horas más de descanso. Eso gravitó muchísimo en los pique cortos y a la hora de la definición.

Hay derrotas que enaltecen. Esta fue una de ellas. Aunque no logró ganarla, nadie le quitará al cuerpo técnico comandado por el Magno el enorme mérito de arribar a la instancia suprema de la Copa del Mundo. Elevaron el prestigio de nuestro fútbol a las nubes. Hubo trabajo, seriedad. Respeto para afuera y hacia dentro. Se recuperaron conceptos extraviados: humildad, voluntad, compromiso, solidaridad.

Pero los adoradores del éxito foráneo, mediocres amantes del verso y caracterizados vendehumo de los medios masivos, escupirán a los cuatro vientos sus bocanadas de aire viciado. Tratarán de ocultar con discursos rebuscados el patético rol de exitistas natos, después de haber sido sabellistas por algunos días.

Siguen estallando los fuegos artificiales y se agitan las banderas en la Ciudad de las Diagonales. También en Mendoza, en Salta, en Santiago del Estero. En Córdoba y en Tucumán.

Y no. No es la colectividad descendiente de Johan Sebastian Bach, Mozart y Beckenbauer festejando el título obtenido por su país. Es la sincera gratitud de la gente, la retribución de los argentinos a sus jugadores, por haber dejado el alma en la cancha. 
Salutti
P u n t a j e s

Romero: 7
Rojo: 6
Garay: 6
Demichelis: 7
Zabaleta: 5
Enzo Pérez: 5
Biglia: 5
Mascherano: 7
Messi: 4
Higuaín: 5
Lavezzi: 8
Palacio: 5
Agüero: 5
Gago: 6

NO SE OLVIDEN...

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CORAZÓN PINCHA

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Gracias Marble por el dato!
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